Las marcas propias superan umbrales históricos de participación en distintos mercados y fuerzan cambios en la gestión del retail.
Las marcas propias salen del rol defensivo que ocuparon durante años dentro del negocio minorista. En categorías clave de alimentos, limpieza y cuidado personal, ya superan el 30% de participación en varios mercados internacionales, según relevamientos sectoriales de retail que analizan la evolución del consumo en el punto de venta.
Este crecimiento marca un cambio de fondo. De acuerdo con estudios internacionales de consumo masivo, estas propuestas dejaron de ser una respuesta coyuntural a escenarios de precios altos para convertirse en componentes estables del surtido, con una presencia sostenida más allá del contexto económico.
El impacto se traslada de forma directa a la estrategia comercial. Analistas del sector retail señalan que las cadenas ajustan la asignación de espacio, visibilidad y desarrollo de estas líneas, integrándolas a la planificación central del negocio y no solo como herramienta táctica.
La relación con los proveedores también se ve modificada. Informes especializados del comercio minorista indican que ganan peso los acuerdos de mediano y largo plazo, con foco en eficiencia productiva, previsibilidad logística y consistencia en la calidad, en lugar de negociaciones basadas únicamente en precio.
Desde la perspectiva del consumidor, el cambio es perceptible. Investigaciones globales sobre hábitos de compra muestran que una proporción creciente valora estas opciones por su equilibrio entre costo, desempeño y disponibilidad, lo que consolida su lugar dentro de la elección cotidiana.
Para el negocio, el efecto es estratégico. El avance de las marcas propias redefine la competencia en góndola, obliga a recalibrar el posicionamiento de las marcas tradicionales y plantea un nuevo escenario donde la gestión del portafolio se vuelve una decisión central para sostener márgenes y fidelidad.

