En el rediseño de envases hay beneficios para mejorar márgenes, posicionamiento y eficiencia.
Para las marcas propias, avanzar hacia envases con menor impacto ambiental dejó de ser sólo una respuesta a la agenda regulatoria o al clima social. Las tendencias de mercado señalan que hoy es una herramienta concreta para ganar competitividad.
La posibilidad de intervenir desde el diseño permite optimizar materiales, reducir desperdicios y ordenar costos en un contexto donde cada punto de margen cuenta.
A diferencia de las marcas líderes, las marcas propias suelen tener mayor flexibilidad para redefinir especificaciones sin afectar la identidad del producto. Esa ventaja facilita ajustes en gramajes, formatos y combinaciones de materiales que, según análisis de consultoras como McKinsey, permiten recortes de costos logísticos y productivos sin trasladar aumentos al precio final.
El impacto también se ve en la cadena de suministro. Proveedores locales de envases plásticos, de cartón y de soluciones mixtas vienen ampliando su oferta de materiales reciclados y rediseños estructurales, de acuerdo con datos de la Cámara Argentina de la Industria Plástica. Para las marcas propias, esto abre la puerta a negociar volumen, plazos y desarrollos a medida.
Activos
En el punto de venta, el envase cumple un rol clave para competir en góndola. Los compradores valoran soluciones más simples y eficientes, incluso en productos de precio cuidado. En ese marco, el envase se transforma en un activo silencioso que refuerza percepción de calidad sin elevar costos.
La ecuación final combina ahorro operativo, diferenciación y control estratégico. En un contexto de costos presionados y consumo selectivo, las marcas propias que aprovechan el rediseño de envases logran alinear eficiencia productiva con expectativas del mercado, fortaleciendo su posición frente a marcas tradicionales y competidores importados.

