Un retailer ordena marcas propias para captar valor con coherencia visual y narrativa clara.
Las cadenas están desplegando múltiples marcas propias dentro de una misma categoría para atender públicos distintos, replicando la lógica de portafolio de las grandes marcas, según análisis de NielsenIQ. Esta segmentación permite capturar mayor valor sin perder control sobre la arquitectura de marca del retailer.
El enfoque combina propuestas básicas, intermedias y de mayor valor agregado dentro del mismo espacio comercial, de acuerdo con estudios de Kantar. La estrategia busca cubrir distintos niveles de precio, expectativas y motivaciones de compra sin ceder espacio a competidores externos.
Esta arquitectura interna exige una construcción visual clara para evitar confusión en el punto de venta, según consultoras del sector. La identidad gráfica, el lenguaje de envase y la jerarquía en góndola se vuelven claves para sostener coherencia entre las distintas capas del portafolio.
La segmentación también replica estrategias de trade-up y trade-down usadas por fabricantes líderes, según Circana. El retailer gana flexibilidad para retener consumidores que migran entre niveles de valor, sin perderlos hacia marcas tradicionales.
Para la comunicación visual, este modelo implica diseñar sistemas de identidad escalables y consistentes, donde cada marca propia tenga personalidad diferenciada dentro de un marco común. La coherencia visual se convierte en un activo estratégico para capturar valor sin diluir la percepción de marca del retailer.
